Hoy me siento diferente.
Ayer se marchó el amigo más “complejo” que he tenido nunca, no sé ni a dónde ni por qué. Dice que durante un año. Ya lo veremos. Ayer los sentimientos de tristeza ante la idea de no volver a verlo, me desbordaban.
Hoy todo es diferente. Me siento más tranquila y resignada a, tal vez, no verlo más.
Hoy, con la mente más fría, he hecho una reflexión que me ha ayudado mucho. A su edad yo hice lo mismo. Ayer lo culpaba por dejarnos, sin más, pero, ahora lo entiendo. Muchas personas, como nosotros, necesitan de un cambio para saber si, la vida en la que íbamos a estancarnos era aquello que queríamos o si de lo contrario, necesitábamos de algo más. Pues a mi amigo le ha pasado lo mismo. Le gusta su vida tal y como es, pero, no ha conocido otra cosa y duda de si lo que tiene es lo que quiere para toda la vida. Por eso, ha decidido saltar. No puedo culparle por intentar encontrar el sentido a su vida. Y por eso, hoy me siento mejor.
Pero,
¿Y tan difícil es de decir? ¡Que yo me he dejado las neuronas sanas en el intento de entenderte, chaval!
Tenemos la capacidad física y mental de subir hasta lo más alto de la tierra y no tenemos la capacidad humana suficiente para hablar de los sentimientos cara a cara. Creo que deberían redefinir la definición de valentía.
Un párrafo, un solo párrafo me hubiera ahorrado un disgusto monumental, pero, claro como el señorito tiene la psicología de un mandril, pues, búscate la vida que yo me voy de colonias a Yellowstone a conocer al oso Yogui…si eso, hasta luego, y si no, pues ná.
Si un año de tu vida perdido por las selvas del Amazonas, saltando en tabarrabos de rama en rama te ayudan a encontrar tu camino, pues, bienvenido sea.
Creo que mi fallo es esperar demasiado de la gente. Es mejor no esperar nada y, tal vez alguien te sorprenda! ( qué positiva estoy, da gusto verme ).
E intentando cerrar mi herida, y por mucho que lo sienta, creo que cierro este tema, y para siempre. Son las cosas de la vida, ¿no?
Hay una frase de una canción que no recuerdo de quién es, que dice algo así :
“ Sonríe a la vida, si no te sonríe ella a ti”
¿Y porqué le tengo que sonreír si ella no me sonríe? ¿Hasta en eso tengo que ceder yo?
Que sonría ella primero y…ya veremos. Lo que me faltaba por oír.
Reconozco que admiro mucho a las personas que tienen claro desde muy jóvenes el rumbo de su vida. Nacen en un lugar determinado, crecen, se reproducen y mueren. Tienen claro su papel en el mundo. Sobre todo, envidio a aquellos que saben qué quieren ser de mayor, a qué se quieren dedicar en la vida y tienen los objetivos de su vida más que claros. De ese modo, tarde o temprano, con más o menos esfuerzo, pero, terminan encontrando un camino que les llena y hace que su vida tenga sentido.
No me cansaré de repetir que, tener claro lo que quieres en esta vida es la llave para ser feliz.
Sólo de reflexionar en cosas tan profundas, se me hinchan los juanetes. Seamos claros, yo tengo una envidia descomunal por la gente de vida tranquila, por la gente normal que no se achicharra los sesos con el ir y el devenir, con el sentido de la vida y el maldito porqué de las cosas.
Por ejemplo, mi vecinito adolescente, aprende a tocar la flauta en el balcón e intenta tocar sin éxito el himno de la alegría. ¿Acaso piensa en la frustración que supone no acertar ni de lejos con la melodía de la cancioncita en cuestión? Pues no, le importa un auténtico pepino de Almería. Si sale bien, bien, y si no también. Y al que no le guste lo que toco, que se fume un canuto o vea la peli de Sissi Emperatriz, que el resultado es el mismo.
Hay que darle importancia a las cosas en la medida en que la tienen. Y si no son importantes, ¡no le des más vueltas y sigue adelante! Mi vecinito nunca será un virtuoso de la flauta pero, al menos, no sufrirá de úlceras en el estómago. Como mucho, estreñimiento.
Hoy el edificio está muy tranquilo. Vamos a aprovechar que las fieras duermen e intentemos dormir nosotros también, que falta nos hace.
A todos los que camináis por la vida sin rumbo, os dedico humildemente el relato de hoy. Y pensad que, tal vez mañana todo cambie. Veamos por un momento el vaso medio lleno y no medio vacío, como hacemos siempre.
De momento, ya es suficiente.
Bienvenid@s a mi mundo. Kariontidas Samoronthe.