26/11/2011
Hoy me apetece mucho estar con alguien; sentir el cálido abrazo, la suavidad de su piel… pero, no hay nadie a quien recurrir, así que, le daré un achuchón al Gus e intentaré pasar la noche sin pensar en lo que he llegado a tener y que, ya no tengo. De lo que sigo sintiendo pero, ya no sé por quién. De que, sigo amando, pero no sé porqué. A veces es difícil asimilar que el mundo ha vuelto a girar y ya no cuenta contigo.
Por si os apetece ambientar la situación y entender cómo se encuentra mi corazón en este momento, os indico la canción que estoy escuchando : Anything Can Happen in the next half hour , del grupo Enter Shikari. Creo que define perfectamente la tormenta emocional de este instante.
Nuevamente mi pequeño Yoda me ha vuelto a sorprender. Os transcribo un escrito, o poema o no sé qué, de no sé quién. Vamos, que, estoy para trabajar de archivera en la biblioteca de Alejandría. Quiero decir que esta cita no es mía y que, además, la voy a modificar a mi conveniencia, pero creo que merece la pena. Creo que estaréis conmigo en que, si alguien te escribe lo siguiente, dos cosas, o es un poeta o es un embustero. Se la dedico a los nostálgicos del amor perdido. Dice así:
¿Cómo estás?
Te escribo para decirte que te quiero y que me interesas mucho.
Te vi ayer cuando estabas hablando con tus amigos y esperé todo
el día con la esperanza de que también quisieras hablar conmigo.
Al caer la tarde, envié para ti un crepúsculo de lo más hermoso y
una brisa fresca para que descansaras.
Esperé y esperé pero nunca llegaste…
Eso me dolió mucho, pero te sigo amando porque soy tu amiga
incondicional.
Anoche, al verte dormir, tenía tantos deseos de acariciar tu frente
que derramé rayos de luna sobre tu almohada y sobre tu rostro.
Una vez más esperé, deseando estar junto a ti.
Si tan solo supieras cuántos regalos tengo para darte…
Por la mañana despertaste tarde y te fuiste apresuradamente, sin
acordarte nuevamente de mi, tu amiga.
Si quisieras y pusieras atención podrías oírme cuando te digo:
¡TE AMO!
Trato de decírtelo en el azul del cielo y en el suave susurro del viento,
en las hojas de los árboles y en los colores de las flores.
En las brillantes estrellas y en las nubes de algodón te digo:
¡TE AMO!
Te lo grito en las cascadas de agua que bajan de las montañas, y en los
truenos y relámpagos de las tempestades, le doy canciones de amor a
los pájaros para que te las canten.
Te envuelvo en el calor del sol y perfumo el aire con los aromas de la
naturaleza.
Deseo compartir contigo cada instante de tu vida, las pequeñas cosas,
tus logros, tus fracasos y tus penas.
Quiero vivir en ti y que tu vivas en mí. Si tú quisieras, podríamos pasar
el resto de la eternidad juntos…
Pero, a partir de aquí el poema se tuerce. Lo que podría haber sido un desgarrador poema de amor, se pierde en cantos a la religión, pierde fuerza y convicción.
Así que, he decidido terminarla por mi cuenta, de este modo:
Pero, el frío hielo del invierno me recuerda que te marchaste, que
fuiste en busca del ardor del fuego del infierno.
Las tormentas del desierto me silban que nunca me quisiste,
que tan sólo me acariciaste por lástima, igual que a un cachorro abandonado.
La aurora boreal me envuelve en luz y sentencia :
¡Olvídalo!
Lo intentaré pero, como bien sabe la madre Tierra, no existe el olvido,
tan solo guardamos silencio ante la vida.
Y ahora me gustaría que, todo el que quiera, escribiera también su final del poema. Sería interesante averiguar cómo cada uno de nosotros siente e interpreta el final de este, para mí, precioso poema.
Esperando vuestra participación, lo dejo por hoy.
De momento, ya es suficiente.
Bienvenid@s a mi mundo. Kariontidas Samoronthe.
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