viernes, 18 de noviembre de 2011

El inquilino

                                                                                                      18/11/2011


            Hace mucho que no escribo. He estado fuera una temporada y me he tenido que dedicar a otras cosas más mundanas.
            He aprovechado además para salir de mi austera y equilibrada dieta “lentejo-mortadeliana” , lo cual me ha reportado tres kilos de más que han decidido alojarse allí donde Jennifer López lleva guardados millones de dólares. ¿ Cómo es posible que el culo de mi querida Jenny levante pasiones y el mío, básicamente, no se levante?
Vamos a culpar de esta ligera diferencia a la genética, que no protesta.

 Y por supuesto, he vuelto al gimnasio. La primera hora de ejercicio me hizo maldecir el día en que una célula se juntó con otras tantas para montar el cuerpo humano y, en su borrachera de alegría y creatividad dejaron inscribirse en el club a las grasas. En mi club concretamente, las susodichas tienen carnet VIP y  preferencia para asientos en primera fila en la cadera, muslos y culo. Y ni qué decir tiene que, he vuelto a ver culos perfectos y cuerpos de escándalo. Me encontré dos especímenes femeninos graciosísimos, más perfectos que el envasado al vacío, que apenas hacían ejercicio (para no sudar) y que constantemente se miraban al espejo. Creo que muchas mujeres deberíamos aprender de ellas a querernos más, a vernos como objeto de deseo y no como “chatarra de rastrillo defectuosa”. Así que, al fin y a la postre, el primer día de “cole gimnástico” no fue tan malo y por primera vez observaba sin rabia ni envidia a las guarras de culo perfecto. Vamos mejorando.

Pero, dejando aparte este tema quería comentaros que he recibido un par de sorpresas que me han hecho sentir que, a pesar de mi carácter arisco y poco social, todavía hay algun@s amig@s que se resisten a darme por perdida, y me siguen queriendo. No hay quien lo entienda pero, el mismo sentido tiene que el ser humano, siendo tan idiota, haya llegado a la luna.

El gesto humano que más me ha tocado el corazoncito es el de un amigo que conocí cuando llegué a esta ciudad y que, contra viento o marea, se acuerda de mí. Me llamó el día de mi cumpleaños y, el otro día quedamos para cenar. Al final de la cena, me dió un regalo de cumpleaños. Os presento a Gus, mi inquilino. Es un pequeño perrito de peluche que a partir de ahora cuidará de mi casa y de mis sueños.
En cuanto a mi amigo, hice una enorme excepción y le di un cariñoso abrazo. He de reconocer que me sentó muy bien...que una no es de piedra!!!! Dicen que los abrazos son una buena medicina para el extrés y otras enfermedades…doy fe.

Sé que a muchos os parecerá una auténtica tontería pero, ver a mi Gus echado sobre la cama me hace sonreír. Y lo mejor de todo, no come, no tengo que sacarlo de paseo y no hace sus necesidades por toda la casa. Es suave, está calentito, no habla, no se queja y no tengo que darle explicaciones de nada. Gus es básicamente, el compañero perfecto.
En cuanto a su aspecto, Gus me recuerda muchísimo al perro de un novio que tuve. Eran tal para cual. Ambos eran inquietos y fogosos, pero poco cariñosos…y eso acabó pesando mucho a la hora de decidir si estabilizar la relación o dejarlo pasar.

Los componentes necesarios para que una pareja funcione son muchos. Esto de la pareja es como un gran puchero de garbanzos con todos sus sacramentos. Cuantos más condimentos adecuados tenga, más rico estará el potaje.
Sólo con garbanzos…será comestible pero, no tendrá interés el tomarlo. Pues, en la relación entre dos, lo mismo.
En mi caso, en el puchero había un enorme manojo de feeling y atracción, vamos que, el atadito de puerros estaba, pero, para mi, faltaba lo que espesa la salsa, le da cuerpo y sabor; faltaba lo que, a mi juicio haría perdurar el potaje, el cariño. Me faltaba el abrazo cálido, me faltaba la caricia, me faltaba sentir su piel contra la mía antes de dormirme…El puchero de garbanzos no era completo, así que, antes de acostumbrarnos demasiado el uno al otro con eso de que, “Si no hay más, contigo Tomás” decidí poner tierra de por medio y recuperar mi soltería. No es fácil volver a la soledad cuando has conseguido poner el puchero al fuego. Eso de, tener en tu camita a una persona de carne y hueso que te mira con deseo y …Vamos a continuar que el tema se desvía.

Entre otras cosas, es por esto que me hizo tanta ilusión la llegada de Gus a mi camita. Al menos, hace bulto y, si en algún momento me aborda una crisis sentimentaloide, le doy un achuchón al Gus y, me tranquilizo.

Hoy se me ha hecho muy tarde así que, de momento lo dejamos aquí. Voy a subir al piso de arriba a darle las buenas noches a la parejita X antes de que empiecen la faena y, si cortan pronto la oreja y el rabo, con un poco de suerte, dormiremos algo.
Para terminar una frase preciosa que alguien colgó en un foro:
"No llores cuando se oculte el Sol, porque las lágrimas no te dejarán ver las estrellas".
Rabindranath Tagore.
No tengo muy claro lo que quiere decir, pero es que, a estas alturas de la noche, mis dos neuronas bailan breakdance con un gorro de baño en la cabeza, así que, no me pidáis mucho más.

De momento, ya es suficiente.
Bienvenid@s a mi mundo. Kariontidas Samoronthe.

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