lunes, 3 de octubre de 2011

Niveles de amistad

( Escrito el 1 de Octubre de 2011, sábado)

La mañana de hoy ha sido reveladora. Finalmente ayer, volvió a suceder lo inesperado. Hacia la una de la mañana el mundo quedó en silencio y cuerpo y mente consiguieron hacer uno con ese universo de calma…y me dormí! Aleluya ¡!!!

Tal vez por esta razón hoy mi cabeza estaba eufórica de pensamientos, no tanto positivos, sino equilibrados y razonables, que no es poco.
Y comenzamos la mañana con una reflexión sobre algo que comenté que no retomaría, pero que, volvió a mi mente y por tanto, la recogemos con cariño como al hijo pródigo y le damos leche calentita y galletas para cenar.

El tema era el del amigo que se marchó prácticamente sin mediar palabra. Una de mis frases fué, que no necesitábamos casi hablar, porque nos entendíamos bien con pocas palabras, casi sin hablarnos. Pues me equivoqué. ¡No hagáis eso nunca!. Ahora veo claro que, no había suficiente comunicación. Si hubiera hablado con él habría sabido muchas más cosas y no me hubiera llevado el sofocón del otro día. La amistad debe basarse en la comunicación verbal, no hay otra.
Si yo hubiera hablado con mi amigo, habría sabido en qué “nivel de amistad” me encontraba.
¿Qué es el nivel de amistad? Existe una serie de niveles para definir tu relación con otra persona. Puedes ser:
Desconocido, conocido de poco trato, conocido de mucho trato, compañero (trabajo, actividades extraescolares, etc ) , y luego están los amigos.
Y dentro de los amigos, tenemos tres niveles. Yo tampoco lo había pensado detenidamente hasta ahora, pero, a mí me sirve.
Cuando una persona entra en la categoría de “amigo”, es porque esa persona y tú tenéis buena relación y conectáis. A partir de ahí, arrancan los niveles de amistad.

El primer nivel lo componen los amigos con los que tratas habitualmente y comparten estrechamente tu vida. Saben de ti y con ellos te vas de fiesta. Hay cercanía y complicidad. Vas a su boda (de corazón, no obligado) y te acuerdas de su cumpleaños.

El segundo nivel lo componen los amigos que conoces, a los que les tienes cariño y te pones muy contento al verles, pero no tratas con ellos habitualmente. No están en primera línea de tu vida. Los ves esporádicamente y, no te acuerdas demasiado de ellos en tu día a día.

El tercer nivel, que yo denomino de “arenas movedizas” consiste en aquella persona con la que te llevas muy bien, os gusta hacer muchas cosas juntos, encajáis uno con el otro a la perfección y, aquí se juega muchísimo al límite entre la amistad y algo más (enamoramiento o más allá). Cómo acabe todo, es complicado de definir.

Me he dado cuenta de que es vital saber en qué grado habitas para no confundir las cosas y saber bien a qué atenerte, qué vas a recibir y con qué te tienes que conformar.
He llegado a esta conclusión porque, a mí me ha pasado con mi amigo y, a Marilyn con su “rompecorazones”.

Yo creí que estaba en el primer nivel, pero, me he dado cuenta que era “ciudadana de segunda”.
El caso de Marilyn es algo más duro de asimilar.
Si Marilyn hubiera hablado más con su Capitán Trueno, habría entendido que él, caballero de reluciente armadura, nunca quiso nada con ella, sólo amistad. Resultó que el galante caballero era un “espíritu libre”, sin ataduras, y su único amigo, su noble corcel. Vamos que, el “viva la vida” cabalgará en solitario hasta el infinito y más allá, dichoso en su mundo “paralelo”. Lo que no se cuenta es que el noble corcel acabó pidiendo mejoras salariales y terminó en pleitos por cobrar la indemnización por daños psicológicos sufridos durante el tiempo que cargó con semejante iluminado.
Marilyn, durante el tiempo que trató con su Capitán Trueno, se sintió en “arenas movedizas”, al menos ella así lo entendió, pero resultó que era “amiga de segundo nivel” y, de cuarto, si hubiésemos contemplado este nivel.

Hay un antiguo dicho muy curioso que reza así: “los chicos y las chicas no pueden ser amigos”. Esto hace referencia a que, lo que empieza siendo amistad entre dos personas, va derivando en cariño y es probable que por parte de uno de los dos el sentimiento pase a ser de enamoramiento y, entonces es ahí donde empiezan los problemas porque, las dos personas ya no quieren lo mismo.

De ahí, la tremenda importancia de hablarlo todo y de dejar los niveles definidos desde un principio.
Nadie dice que una misma persona no pueda cambiar de nivel, según las épocas o las situaciones. Puedes ser un amigo de segunda y acabar jugando en primera división. Estos dos niveles no me preocupan en absoluto.

Lo que me  realmente me preocupa es el nivel de “arenas movedizas”, pues, es muy difícil ver el límite entre una amistad y algo más y, mucho más difícil saber en qué lado estás tú y en cuál la otra persona. Aquí es cuando se producen los malentendidos y Marilyn sufre.

Marilyn tuvo la suerte (o la desgracia) de conocer a un muchacho y lo elevó al nivel de  “su príncipe de las galletas”, pero, en el supermercado debió de equivocarse de paquete y compró galletas de cianuro con sabor a príncipe.

Marilyn se apuntó a bailes de salón y allí conoció a un chico con el que empezó a hablar, sin más pretensión. Fueron pareja de baile y he de reconocer que se entendían a la perfección. Había, lo que se suele decir vulgarmente “feeling”. Les veías disfrutar juntos mientras bailaban e incluso salieron con el grupo de baile de cena y fiesta alguna que otra noche. Si me preguntaran a mí, yo hubiera jurado que ahí sí que había algo más, o que, al menos, se estaba gestando un “más allá”.
Pero, el fallo por mi parte estuvo en saber siempre únicamente la versión de Marilyn, nunca la de “el galletas”.

Aquí planteo una reflexión que por fín queda aclarada. Yo siempre me he preguntado cómo es posible que dos personas vean una misma cosa de manera diferente.
Lo que mis ojos captaban cuando los veía juntos era cariño y respeto, pero ella me envenenó y yo creí ver más allá, cuando realmente sólo había lo primero.

Marilyn me contaba su versión, lo que pasaba fuera de las cámaras, cuando estaban solos. El cálido roce de las manos cuando chocaban de forma inesperada al fallar un paso, su mirada encendida, su abrazo de vuelta después de vacaciones…Todo era maravilloso y de color de rosa. Sólo ves por sus ojos. Gran error.
Posteriormente la verdad salió a la luz. Una cruda realidad en la que, aparte de esas cenas en grupo, él nunca quiso quedar para verse fuera de las clases de baile, nunca la llamaba por teléfono o le enviaba un mail. Nunca se acordó de su cumpleaños. Es más, ni siquiera le preguntó en qué fecha era. No hubo ningún mensaje de móvil cuando ella estuvo fuera por cuestiones de trabajo. Esquivaba como un auténtico púgil las insinuaciones (invitaciones veladas) que ella le hacía sobre salir por ahí o quedar para ir al gimnasio o hacer algo juntos.
En definitiva, no hubo nunca un interés por parte del Capitán por estar con ella. Marilyn era, sin duda alguna “ciudadana de segunda”.

Es aquí donde entiendo porqué dos personas pueden ver lo mismo de distinta forma. Los dos vivían la misma situación, pero, cada uno la sentía a su manera. Y, en este caso, Marilyn se equivocaba. No estaba viendo la realidad, ella visualizaba lo que quería ver y maquillaba las evidencias con excusas tontas como: “bueno, es poco detallista, no pasa nada.  Bueno, es algo reservado, no pasa nada…”

¿Que no pasa nada?
No habla contigo, no quiere quedar contigo fuera del baile, no se preocupa ni en preguntarte cuándo naciste. Por supuesto, no sabe dónde vives ni en qué trabajas. Y tú de él tampoco, porque no te lo ha contado.
¿Pero no te das cuenta que no lo conoces de nada? ¿No te das cuenta que has idealizado a tu héroe de cuento de hadas a partir de un pobre chaval al que le caes bien y te aprecia, pero nada más?
Un consejo; tened mucho cuidado con el enamoramiento, porque produce ceguera, y en algunos casos, como en este, idiotismo galopante.

Y otra verdad como un templo. La materialización de los cuentos de hadas está reservada para las elegidas. Si no eres Shakira o Sara Carbonero, olvídate y aprende a hacer calceta, te será más útil y sufrirás menos.

Marilyn está algo marchita. El hecho de que no hablaran de ello y que él dejara pasar deliberadamente las pistas que ella le iba dejando (pues el príncipe de chocolate blando ya reparó en el interés de Marilyn por él) hicieron que esta situación se fuera alargando en el tiempo, lo cual nos lleva a que la herida se vaya enquistando y los sentimientos se vayan enganchando al corazón cuan garrapata de perro pulgoso.
¿Y yo qué le iba a aconsejar si veía lo mismo que ella? (Vamos que, ninguna de las dos veíamos una mierda). Pues le aconsejé que se lanzara, y pisó la caca más grande que habéis visto jamás.
El mensaje de móvil que dice “Yo no quiero nada más, sólo que seamos amigos” todavía sigue grabado a fuego en el cabecero de su cama.
Eso sí, es mejor pisar una gran mierda y luego limpiar el zapato, por mucho que cueste dejarlo reluciente, que, llevar la cagada de paloma en la camiseta y que te acabe dejando mancha para siempre.

Vamos a terminar que, cuando nos adentramos en temas escatológicos la historia empieza a apestar.

Para concretar. Hay que hablar de sentimientos, de cariño, de simple amistad…y hay que hablarlo entre las personas implicadas porque, después se producen los malentendidos y yo tengo que ver cómo mi mejor amiga sufre por el amor de un príncipe de pacotilla que nunca la quiso y no tuvo la hombría de decírselo a la cara para no continuar haciéndole daño. Un gran hombre, sí señor.

Y todo esto lo he visto claro esta mañana en el gimnasio. En el gimnasio ví la luz, además de un culo femenino perfecto que me ha hecho odiar aún más a la especie humana. La muy perra tenía un cuerpo algo rollizo pero, todas las carnes en su sitio, un color moreno de los que se consiguen cuidándote mucho al sol y, (volvemos al culo) un trasero que desconocía totalmente qué es la fuerza de la gravedad. Ese culo que subía y bajaba mientras caminaba en la cinta, formaba un todo con su cuerpo. Sin descolgamientos, sin michelines…una diosa rolliza. Tal vez la visión de tanta belleza en otro cuerpo y no en el mío me despertó las neuronas que llevaban varios días ahogadas en mocos de ballena por la pérdida del amigo. Sea lo que fuere, me ha dado por razonarlo todo y, parece que encaja.

He de decir también que, los dos minutos de sauna que se me han ocurrido tomar al final de la sesión (no soy dada a los ambientes húmedos y cerrados) han vuelto a adentrarme en el idiotismo absoluto y entonces, ya no me acordaba ni de mi nombre. Pero sí me acordaba de su culo. El cerebro es muy caprichoso.

De momento, ya es suficiente.

Bienvenid@s a mi mundo. Kariontidas Samoronthe.

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